miércoles, 21 de septiembre de 2011

Ecumenismo

(En base a la lectura Ecumenismo Definición, significado y Alcance de Gottfried Brakemeier)                    

Ecumenismo, tema actual, controvertido para muchos, pero tan urgente para la Iglesia de Cristo. Palabra y concepto siempre presente en la Iglesia, asombrosamente sectores de esta la quieren erradicar (sectores fundamentalistas). Esta palabra ha sido usada en diferentes momentos de la historia:
§        Para describir el campo de misión de la Iglesia.
§       La misma Iglesia que logra “tomar” lo que antes era su campo de misión se vuelve ecumene.
§       Tras las divisiones de la Iglesia, ésta deja de ser ecumene y pasa a adoptar una mentalidad ecuménica: mentalidad que ve al Cuerpo de Cristo en su totalidad.

 Hoy, la Iglesia de Cristo sea cual sea la denominación, se encuentra en la época pos-división, o mejor dicho en plena división, por ello el ecumenismo se vuelve una tarea moderna. Es hoy cuando se requiere emprender esta tarea y esfuerzo por cada uno de los cristianos. Pero siendo sinceros, es una tarea difícil. Particularmente pienso, que la cristiandad no volverá a ser una institucionalmente hablando, menos en fe. Mucho se ha dividido el pueblo de Dios. Por ello, la única forma de poder acercarnos los unos a los otros, superar nuestras divisiones y sanar heridas es a través de la misión.

La misión de los cristianos, que no es otra que el manifestar el reinado de Dios en la tierra a través de acciones y gestos concretos, es el punto en el que los cristianos divididos podemos unirnos. Así, el termino ecumenismo pasa de ser comprendido como uniformizar o ser todos lo mismo a respeto a las identidades propias y a la fraternidad (Koinonia) eclesial.

Esto es importante conocerlo, pues michas Iglesias que no entran al caminar ecuménico por temor a la perdida de sus identidades o el temor a la relativización de la verdad. ¡Nada mas lejos que eso! Eso no es ecumenismo. El ecumenismo respeta las diferencias y a través de ellas construye renovados esfuerzos para la misión. No hay que confundir entonces la labor ecuménica. Nunca seremos nuevamente uno institucionalmente, pero sí somos llamados a  ser uno en la koinonia y en la misión.

Si no vamos por este camino, estaremos yendo por el otro: el del conflicto, la competencia, la mutua condenación y exclusión. Eso nos volvería sectarios y perjudicaríamos el avance y desarrollo de la misión de Dios en el mundo.

“¡El ecumenismo no tiene por meta producir la unidad cristiana! Esta es obra del Espíritu Santo que llama y crea la fe. El objetivo del ecumenismo es mucho más modesto: ¡Pretende hacer visible la unidad que ya existe en Cristo!”. Considero importante meditar en este punto. Los que participamos en el movimiento ecuménico no trabajamos para lograr la unidad de la Iglesia, esta ya se logró en la muerte de Cristo, Él ya nos hizo uno en sí y en su Padre. Lo que persigue el ecumenismo es hacer visible esa unidad. Y es a eso a lo que estamos llamados nosotros. Cuando entendemos que ya existe entre todos los seguidores de Cristo una cierta unidad, y que solo nos toca hacerla visible a la Iglesia y al mundo, podremos entender mejor el trabajo ecuménico. Si esto lo entendieran los fundamentalistas, pienso, cambiarían su parecer.

La misión

La buena misión no es la captura de miembros; repudia el proselitismo. Es invitación, más bien, para abrazar la fe e integrarse a la comunidad. Se dirigirá, de preferencia, a la gente sin Iglesia, a la que está en búsqueda de una comunidad de fe”, (Gottfried Brakemeierel) Este pensamiento  da en el clavo, pues con él se elimina el proselitismo y la competencia entre Iglesias. Aunque, nos deberíamos preguntar si este concepto de misión será bien recibido por todas las Iglesias. Para los evangélicos el catolicismo no es una Iglesia, sino más bien, la secta más grande del mundo. Para evangélicos carismáticos, los luteranos son cristianos fríos que necesitan de la experiencia carismática “para encender el fuego” y por ello procurarán llevarlos a sus comunidades. Por ello, aunque veo correcto el pensamiento del autor, lo veo muy difícil de aplicar a todas las comuniones cristianas y eso es triste.

Es mas, lo que para unos es proselitismo, para otros es evangelismo. Ante esto, un dialogo serio y respetuoso se hace necesario entre los cristianos que pertenecen al movimiento ecuménico y a los que no, con el fin de esclarecer conceptos, derribar prejuicios y aspirar al mutuo entendimiento para compartir la misión. Si no llegamos a este punto, la misión se verá perjudicada y persistirá la feroz competencia entre las Iglesias.

Para concluir, debemos ser conscientes en todo momento que Jesucristo quiere la comunión de sus discípulos, por ello, hay que grabarnos en la mente que la búsqueda de la unidad de la Iglesia no es algo opcional; es un imperativo inalienable y un compromiso irrenunciable. Si evadimos esta realidad, perderíamos nuestra naturaleza de Iglesia y nos rebajaríamos al estado de secta. Lamentablemente, en este estado se encuentran todas aquellas comunidades que se creen mejores que otras y miran a sus demás hermanos con aires de superioridad.

Escrito por: PEDRO MANUEL LÓPEZ
(En base a la lectura Ecumenismo Definición, significado y Alcance de Gottfried Brakemeier)          

lunes, 19 de septiembre de 2011

Algunas reflexiones en torno al Curso: “Misión y Ecumenismo” UBL Lima, Agosto de 2011

Parto de la siguiente realidad: hoy comprendemos esta tierra habitada de la ecumene, soñada, donada, y defendida por el Dios de la vida, que antecede a nuestra condición humana de millones de años, y no deja de invitarnos a la celebración de la unidad universal (católica, no sólo romana) y a la reconciliación iniciadas por el Dios de Jesucristo.

Quisiera a la vez, en medio de esta realidad concreta, partir provisionalmente desde el referente teológico de la misión del Dios uno, cuya trinitariedad misionera aterriza constantemente hasta nuestros días en los diversos acontecimientos de la historia (sociedad de la información, cambios de paradigma, tecnologías y libre-mercado, política, poder e institucionalidad, ¿des-globalización?). Y es desde esta misión de Dios que me permito postular algunos juicios pertinentes alrededor del curso Misión y Ecumenismo compartido con mis compañeros de la UBL-Lima y el Pastor Butrón como responsable.

Coincido en la pretensión mencionada por Brakemeier (“Ecumenismo: definición, significado, alcance”) de seguir haciendo visible la unidad que ya existe en Cristo, unidad que iniciamos inmerecidamente en clase por medio de un gesto litúrgico tres hermanos de distintas denominaciones cristianas. Es la unidad visible que simbólicamente contemplamos en la obra cotidiana del pueblo (leitos-ergo), en donde acontece la unidad de Dios en la diversidad, y la invitación a cuidar de esa unidad anunciando la presencia del Dios de la vida por el que nos comprometemos.

Pero juzgo que tal unidad en Cristo no se enmarca exclusivamente en una doctrina o en una práctica, ni mucho menos en una denominación eclesial o en una praxis ético-militante; en cada una de estas instancias hay sabor de unidad, es decir, sabor a misión de Dios desde el kerygma, la koinonia, la diakonia y la martiria, pero no sólo en estas instancias cuya radicalidad bíblica debe permanecer vigente y activa. En la ecumene de la condición humana (moderna-postmoderna) y de la condición ambiental (ecológica-ecofánica), hay muchos signos de unidad trinitario-relacional que la fe cristiana debiera recibir como novedad evangélica sin que esto amenace nuestra identidad y libertad en Cristo (Gina Cabera, “Ecumenismo evangélico: el pasado nos condena”).

Tal vez suena excesivamente ideal, pero en la misión de Dios no cabe exclusiones de ningún tipo, y juzgo que el deseo y la realización de la unidad que Dios quiere es un proceso transfigurador, y no una meta que alcanzar. Si perdemos el horizonte de la unidad soñada y realizada en Cristo, unidad sobre la que no poseemos punto final alguno, tal vez podríamos estar cerrando las puertas a la novedad de la misión de Dios que vemos en el otro, en la otra, en lo otro, en los signos de santidad que tienen las diferencias y las resistencias a favor de la Buena Noticia. Hacer visible la unidad en esta tierra común es dejar a Dios hacer el proceso que se tiene propuesto con cada uno de nosotros y nosotras.

En este sentido, nuestra condición humana nos hace caer en la cuenta de que siempre predicaremos un Evangelio parcial, sin perder de vista el horizonte mayor y recapitulador del Evangelio de Jesucristo en el Espíritu. Pero tal parcialidad de nuestro encuentro personal con el Dios de la vida en su Palabra, es propicia para posicionarnos frente a los desafíos de desintegración, atomismo y acefalismo presentes en la inseguridad ciudadana, la corrupción tendenciosa del aparato estatal, y las incidencias eclesiásticas que además amenazan juntas la unidad de la misión de Dios en la pequeña tierra habitada del Perú. Es decir, nuestra misión (eclesial) recibida de Dios no está en actitud pasiva, sino comprometida con el servicio al Reino, viendo, juzgando y actuando, dentro del quehacer ético, educativo, socio-político, religioso y cultural, poniendo de antemano nuestra negación ecuménica a las costumbres opresoras de esta época, sin dejar de amar a los enemigos y a las personas que llevan dentro: es tomar una posición firme y profética para enfrentar el anti-proyecto del Reino que no es sino servirse del poder para dejar de servir.

Y aunque se pueda juzgar de escandaloso, es preciso encarnar cada día más la práctica solidaria con las víctimas, dando testimonio dentro de un proceso en el que no nos sea extraño “practicar a Dios” (Gutiérrez) hasta la Cruz donde se da la vida, y hasta la Resurrección y el Reino anticipados por el desenvolvimiento del Espíritu en nuestras iglesias.

Finalmente, estamos invitados por Dios a comprender que podemos seguir practicando una evangelización espectante (Warren, 1948) en el amor y la solidaridad, siendo conscientes del carácter provisional de nuestras iglesias cristianas, sacramentos de amor y solidaridad, y no un fin en sí mismas (Bonhoeffer). Es nuestra misión intergentes sirviéndonos eclesialmente como mediadores, comunicadores y anticipadores del Reino de Dios, Reino que empieza por los más pobres, y pobres que además están en todas las naciones, geografías, y corazones, desde la otra misión ad-gentes, siendo hermanos y hermanas de una misma casa habitada.

Por: César Barahona C.

martes, 6 de septiembre de 2011

En espera


Hermanos y hermanas del Curso de Misión y Ecumenismo, estamos en espera de sus publicaciones... porfavor enviarlo al email: joventotal@hotmail.com